ISABEL II, EL JUGUETE DE TODOS
Ser reina desde los tres años es una maldición. Isabel nació en septiembre de 1830. Fue jurada princesa de Asturias sin haber cumplido los dos años y proclamada reina a los tres. Antes de aprender a escribir supo que media España la combatía por las armas.
Ya sin padre, perdió a su madre a los diez años. En 1840, el general Espartero mandó al exilio a María Cristina de Borbón. Así, Isabel y su hermana quedaron como ovejas entre lobos. A nadie le interesó educar a Isabel. Los políticos e incluso otros familiares preferían una monarca fácil de manipular. En 1841, el general Diego de León intentó secuestrarla en Palacio.
En este reinado de treinta y cinco años se construyó el Estado constitucional. Nacieron el consejo de ministros; el parlamento, que aprobaba presupuestos y controlaba a los gobiernos; y los primeros partidos políticos. Por fin desapareció la sociedad estamental; se permitió el libre comercio interior, ya sin gremios ni estancos; y comenzó la industrialización. Pero se cometió la desamortización de bienes eclesiásticos y municipales, que hundió en la pobreza a millones de españoles.
Los cambios de Gobierno se hacían mediante pronunciamientos. Los principales políticos del reinado fueron generales, convertidos en espadones. Cada partido tenía uno o dos y a su sombra crecían los políticos civiles, los conspiradores y los especuladores. Narváez por el Partido Moderado; O’Donnell y Serrano por la Unión Liberal; y Espartero y Prim por el Partido Progresista. Esta costumbre, que nos asemejaba a Bolivia, avergonzaba a muchos, como Emilio Castelar: “Si los generales no mandan, somos tan débiles que no podemos vivir; nos parecemos a aquellos antiguos vándalos que adoraban una espada puesta de punta en el suelo”.
Una vez vencidos los carlistas (1840), los liberales acapararon la vida política. Al principio hubo dos partidos, el Moderado y el Progresista. Para establecer un puente entre ellos, surgió la Unión Liberal. Ésta, como la definió Cánovas del Castillo, era un partido... “La carencia de ideología ha sido uno de los grandes éxitos de la política española, como comprobamos en nuestros días”.
Modelo inglés y francés
A trancas y barrancas, España trató de imitar las innovaciones de Inglaterra y Francia: se construyeron miles de kilómetros de ferrocarriles y nuevas carreteras, se amplió la armada y se botaron los primeros barcos con casco de hierro, se fundó la Guardia Civil, se simplificaron los impuestos, se abrió un instituto de enseñanza media en cada capital de provincia, se pacificaron las relaciones con Roma, se participó en acciones en el exterior (Marruecos, Cochinchina, México, el Pacífico, Italia)… La corrupción se democratizó debido a los caciques de Cuba y a los empresarios de ferrocarriles. Uno de los grandes agiotistas fue el segundo marido de la madre de Isabel II: Agustín Muñoz, ennoblecido como duque de Riánsares.
El matrimonio de la reina-niña fue un asunto de interés internacional. Sólo Londres y París reconocieron a Isabel. Las demás potencias europeas apoyaron a su tío, el infante Carlos. Los intereses de Estado hicieron que se casase a los 16 años con un primo: el infante Francisco de Asís de Borbón. El matrimonio fue un fracaso. Isabel tuvo doce embarazos, no todos de su marido, pero sólo llegaron a la edad adulta cinco hijos.
Isabel, que en los años 30 era para los liberales y los demócratas pura y virtuosa, había pasado en los años 60 a tirana y degenerada. Ella tuvo parte de culpa en este cambio, debido a sus amantes y a su preferencia por Narváez. O’Donnell, destituido en 1866 por la reina para entregar el Gobierno a Narváez, dijo: "Esta señora es imposible", y se marchó a Biarritz. Pero también es verdad que sufrió campañas de desprestigio de quienes perdían su favor.
Los conspiradores del Pacto de Ostende
Después de morir O’Donnell (1867) y Narváez (1868), quedó sola ante los conspiradores del Pacto de Ostende. Prim declaró que removerían los "obstáculos tradicionales" que impedían su acceso al poder, o sea, la dinastía. La primera crisis financiera del capitalismo español (1866), con quiebras de bancos, añadió descontentos a la conjura. En septiembre de 1868 se produjo la Revolución Gloriosa, que la mandó al exilio. El mismo pueblo que la había vitoreado, escribió entonces en los muros: “Cayó para siempre la raza espúrea de los Borbones”.
En Francia, la reina y su marido se separaron. Sus partidarios consiguieron que en 1870 Isabel abdicase en su hijo Alfonso, de 13 años de edad. Falleció en 1904, después de ver proclamado a su nieto, Alfonso XIII.
Aunque Isabel apenas leía, fundó la Biblioteca Nacional: puso la primera piedra del edificio y donó los fondos de Palacio. A diferencia de su padre, a Isabel le encantaban la música y el bel canto, por lo que impulsó la construcción del Teatro Real de Madrid. Otra obra que lleva su nombre es el canal que traslada el agua potable a la capital. Con Isabel empezaron los veraneos de la corte en el Cantábrico, sobre todo en San Sebastián, que se mantuvieron hasta 1973.
En el siguiente enlace podéis ver un artículo sobre el exilio de la reina Isabel II
PARA AMADEO I, ESPAÑA ERA UNA "JAULA DE LOCOS"
Con la Revolución Gloriosa (1868), que expulsa a Isabel II, España entró en uno de esos períodos en que se convierte en un manicomio dirigido por los locos. ¡Cómo sería el ambiente que un italiano acabó harto de los españoles!
Amadeo, duque de Aosta, tuvo la triste suerte de un segundón. Era el segundo hijo de Víctor Manuel II, rey de Cerdeña y luego de Italia. Nació en Turín en 1845. En 1866 combatió en la batalla de Custoza, donde fue herido por los austriacos, y dos años más tarde ingresó en la marina
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El trono de España le llegó por descarte. El general Prim, líder del nuevo régimen español, quería coronar la revolución con un monarca democrático y liberal. Se barajaron varios nombres, incluso el del rey de Portugal, para culminar la unidad ibérica; pero todos los príncipes rechazaron el ofrecimiento.
Por fin, un Saboya aceptó la corona. Aunque un sector católico se opuso a Amadeo porque su padre era el carcelero del Papa, Pío IX envió su bendición al nuevo monarca y a la esposa de éste.
El 30 de diciembre de 1870, al desembarcar en Cartagena, Amadeo recibió la noticia del asesinato de Prim. El nuevo monarca quedaba sin su principal aliado, el único que además podía imponer orden en el Partido Progresista.
Es más sencillo destruir que construir. Y casi todos los políticos españoles, así como el pueblo, se unieron contra él. Desde los carlistas hasta los masones, aunque Amadeo fue el segundo rey miembro de una logia después de José I.
El republicano Emilio Castelar despreció en las Cortes el ofrecimiento de la corona a un Saboya con estas palabras: “Digo y sostengo que los duques de Saboya seguían hambrientos el carro de Carlos V, de Felipe II y de Felipe V”. ¡Y éste fue de los más amables!
Ningún bando político se lo tomó en serio y todos ellos conspiraban contra él. Durante su reinado de veinticinco meses, estalló una nueva sublevación carlista (1872), que se unió a la guerra en Cuba, comenzada a las pocas semanas de la Gloriosa.
Amadeo y su esposa sufrieron un atentado en julio de 1872 en la calle Arenal: una emboscada de varios tiradores al paso de su coche. El mismo estilo que el sufrido por Prim… y quizás los mismos impulsores.
Conflicto con los artilleros
La gota que colmó el vaso de la paciencia de Amadeo fue el conflicto con los artilleros. El rey le propuso al jefe del Gobierno que le permitiese mediar entre éste y los oficiales. El presidente, Manuel Ruiz Zorrilla, gran maestre del Gran Oriente de España, aparentó aceptar, pero disolvió mediante decreto el cuerpo de Artillería. Amadeo no soportó el nuevo desaire y abdicó el 11 de febrero de 1873.
Ese mismo día, las Cortes vulneraron la Constitución. Una mayoría de diputados elegidos como monárquicos el año anterior se unió a los republicanos, y así se proclamó la Primera República. Años antes, el republicano canario Nicolás Estévanez había tratado de convertir a Prim a su credo político, pero este le había contestado: “La república sería posible si hubiera republicanos, como los hay hasta en Rusia, pero en España no los hay ni puede haberlos; son ustedes cuatro ilusos, cuatro locos”.
En los meses siguientes se comprobó la afirmación de Prim: cuatro presidentes en menos de un año.
Amadeo murió en Turín en 1890. Entre las pocas obras que él y su esposa dejaron en España destacan el Instituto Oftalmológico y la escuela y el asilo para los hijos de las lavanderas del Manzanares. Entre los hechos memorables, la abolición de la esclavitud en Puerto Rico (1872). Y también nos dejó un juicio clarividente sobre esos años: “Ah, per Bacco, io non capisco niente. Siamo una gabbia di pazzi”. La versión española: “Por Baco, no entiendo nada. Esto es una jaula de locos”.
En el siguiente enlace podéis ver una conferencia sobre la Revolución de 1868
https://www.youtube.com/watch?v=51sLZhRxvAg
En el siguiente enlace podéis ver el reinado de Isabel II y el final del mismo con la Revolución de 1868
Reinado de Isabel II y Revolución de 1868
En los dos enlaces siguientes podéis encontrar dos textos de la Constitución de 1869
Constitución de 1869
Constitución de 1869
En el siguiente enlace podéis leer el proyecto de Constitución de de la I República
Proyecto de Constitución de la I República
En el siguiente enlace podéis leer el texto de la abdicación de Amadeo I
Abdicación de Amadeo I
En el siguiente enlace podéis leer un artículo de Antonio Elorza
El sueño federal de Antonio Elorza
En el siguiente enlace podéis leer el texto del Manifiesto de Sandhurst
Texto del Manifiesto de Sandhurst
En el siguiente enlace podéis ver el origen y las consecuencias de la Guerra Franco-Prusiana
Guerra Franco-Prusiana
En el siguiente enlace podemos ver un pequeño vídeo explicativo de lo que fue la Comuna de París.
La Comuna de París
En el siguiente enlace podéis ver un programa sobre la guerra franco-prusiana