JOSÉ BONAPARTE, EL PRIMER REY ESPAÑOL MASÓN
Una vez coronado por sí mismo como emperador de Francia, Napoleón empezó a distribuir sus conquistas entre sus hermanos. A Luis le hizo rey de Holanda; a José, de Nápoles; a Jerónimo, de Westfalia; a Elisa, gran duquesa de Toscana. En 1808, Napoléon le cambió a José la corona de Nápoles por la de España, que Carlos IV le había entregado. El trono de Nápoles se lo dio al general Joaquín Murat, que estaba casado con su hermana Carolina.
Año y medio mayor que Napoleón, José era un letrado cuyo hermano llevaba consigo en todas sus aventuras políticas como secretario y hombre de confianza.
En la primavera de 1808, mientras Napoleón humillaba a los Borbones y convocaba una asamblea de notables españoles para que elaborase una carta otorgada, llamó a José y le cedió la corona de España y sus Indias .La asamblea aprobó el Estatuto de Bayona el 6 de julio y al día siguiente acepto a José como monarca, quien juró su cargo delante de ella. José formó un Gobierno al que quiso incorporar a Jovellanos, que se negó a ser ministro.
Napoleón definió así a su vanidoso hermano: “José se inclina a creer que he usurpado a mi hermano mayor la herencia del rey nuestro padre”.
A los pocos días de instalarse en Madrid tuvo que huir de la capital por la victoria española en Bailén. Napoleón acudió en persona a España y le doy la vuelta a la situación militar. Entonces, José empezó a gobernar.
Una de sus primeras medidas fue exigir a los funcionarios civiles y militares, a los eclesiásticos, a los pensionados y a los acreedores del Estado un juramento de fidelidad. Por ello, a los obedientes al rey intruso, se les llamó juramentados, aunque ahora se les llama afrancesados.
Fue el primero en suprimir órdenes y colegios religiosos y en exclaustrar monjas, precedente que luego aplicarían los exaltados republicanos españoles.
Todas las cartas enviadas a su hermano en los siguientes cinco años (1808-1813) se pueden resumir en que le pedía dinero y tropas. Los generales franceses obedecían antes al emperador que a José.
El plan de Napoleón era la anexión de parte de España en beneficio de una Gran Francia, como ya había hecho con los Países Bajos y regiones de Alemania e Italia En febrero de 1810, puso bajo administración francesa las provincias comprendidas entre el Ebro y los Pirineos. En una ocasión, Napoleón clamó: “España pertenece al emperador por derecho de conquista”.
José trató de negociar con las Cortes de Cádiz. Creía que el conflicto era entre dos dinastías, como en la guerra de Sucesión, cuando se enfrentaban dos naciones y dos sistemas políticos.
Fue el primer jefe de Estado español miembro de la masonería. Se inició en una logia en Marsella en 1793. Napoleón, también masón, impuso la unidad de las logias francesas en 1799 en el Gran Oriente y para contralarlas usó a sus hermanos. En 1804 nombró Gran Maestro a José. Éste participó en la reorganización posterior de la hermandad en la Restauración y la Monarquía de Julio. El francés fundó la Gran Logia Nacional de España. Por ansias de promoción, por conveniencia o por esnobismo, numerosos afrancesados se iniciaron en ella.
Algunas cosas buenas hizo José durante su tormentoso y breve reinado. La mayoría las habrían acabado aplicando los españoles, como la supresión de las fronteras interiores y de la Inquisición. La ciudad de Madrid le debe la construcción de la Plaza de Oriente, frente al Palacio Real. Se atribuye el nombre de la plaza a la filiación masónica del Bonaparte, ya que el oriente es una parte de las logias.
Los invasores franceses saquearon España. Los Bonaparte, tanto José como Carolina, desvalijaron el tesoro de la corona española. El equipaje del rey José que se capturó en Vitoria (1813) se convirtió en símbolo del latrocinio cometido por los ilustrados y su brazo armado en España.
Con esa fortuna, José se construyó una mansión en su exilio de Estados Unidos y vivió dedicado a alternar con la clase alta. Tiempo tuvo para participar en conspiraciones, como un proyecto para independizar Texas y otro para abatir en la Nueva España el poder español. Por ello, el embajador de Fernando VII en Estados Unidos le vigiló.
Separado de su esposa durante años, porque ella se negó a seguirle a América, sin embargo murió a su lado en Florencia en 1844.
En el siguiente enlace podéis leer un artículo de José Álvarez Junco sobre la Guerra de la Independencia
En estos otros vídeos podemos ver dos documentales sobre la Guerra de la Independencia
En el siguiente enlace podéis leer un artículo sobre los soldados españoles que lucharon en el ejército de Napoleón
https://historia.nationalgeographic.com.es/a/soldados-espanoles-napoleon_20517?utm_source=indigitall&utm_medium=push&utm_campaign=trafico
En los siguientes enlaces podéis encontrar los dos primeros textos constitucionales
En el siguiente texto podéis encontrar un estudio sobre el Estatuto de Bayona
FERNANDO VII, EL BORBÓN MÁS CRUEL Y EL MÁS ASTUTO
El más astuto y listo de los Borbones fue también el más cruel, despiadado y vengativo. Sobrevivió a Napoleón, que se extinguió en Santa Elena envenenado por los ingleses, y murió idolatrado por más de media España, cuando su hija sería expulsada del trono.
Desde adolescente mostró la vileza de su carácter. Conspiró contra su padre y cuando fue descubierto traicionó a todos los implicados. Así lo escribió en una patética carta a Carlos IV: “He delatado a los culpables y pido a Vuestra Majestad me perdone por haberle mentido la otra noche, permitiendo besar sus Reales pies a su reconocido hijo”.
En 1808 montó otra conspiración y ésta triunfó. Aceptó reunirse con Napoleón en Bayona y devolver la corona a su padre, quien se la cedió al emperador. En los seis años siguientes, vivió en un palacio desde el que mandaba felicitaciones a Napoleón por sus victorias sobre los españoles.
Liberado en 1814, entró en España por Cataluña, donde el pueblo le recibió entusiasmado. Era el Deseado. Esa popularidad le decidió a enfrentarse a la Regencia.
Su reinado tiene tres fases: el Sexenio Absolutista, de 1814 a 1820; el Trienio Liberal, de 1820 a 1823; y la Década Ominosa, de 1823 a 1833. Se empeñó en ser un monarca absoluto y restaurar la sociedad estamental, para lo que destruyó la obra de las Cortes de Cádiz. Una duradera crisis económica, de ámbito europeo, que se extendió entre 1810 y 1830, y las guerras de independencia en los reinos americanos agravaron la vida de los españoles y vaciaron los fondos de Hacienda.
Su programa de gobierno se puede resumir con sus palabras, sacadas de un decreto de 1826: “...que desaparezca para siempre del suelo español hasta la más remota idea de que la soberanía resida en otro que en mi real persona”.
Y este plan de Fernando lo apoyó la gran mayoría del pueblo español, que todavía sentía devoción por la Monarquía y aversión por las ideas y la conducta de los liberales.
Tan celoso era Fernando de su poder que se negó a aceptar la independencia de las provincias americanas y trató de recuperarlas. Quebrantó las tradiciones españolas sobre la Monarquía: pretendió ser soberano por voluntad divina, como el zar Alejandro I, y no por las leyes del reino. Dejó que se desmoronasen los Consejos de la corona y los sustituyó por juntas y secretarías de despacho, que no se pueden considerar antecedente de un consejo de ministros. Los departamentos directores de la política y la Administración acabaron siendo el Ministerio de Gobernación y el Consejo de Estado.
En julio de 1814, Fernando suprimió a los jueces la facultad de aplicar tormento. Otras novedades de su reinado no fueron tan benignas. Surgieron el pronunciamiento militar y la orden secreta como elementos de agitación política que se extendieron hasta el siglo XX. Los liberales, con la frecuente colaboración del Gobierno inglés, empleaban las logias masónicas y los cuarteles para conspirar. Por su parte, Fernando estableció comités de depuración de funcionarios, militares y sacerdotes.
Como los militares habían jurado la Constitución en el Trienio Liberal, prescindió del Ejército. Lo sustituyó con guarniciones francesas y con los Voluntarios Realistas, que superaron los 120.000. Sin embargo, para poner orden en el país en la Década Ominosa contó con antiguos afrancesados, como Javier de Burgos, y técnicos, como Luis López Ballesteros, que abrió la Bolsa de Madrid y aprobó el Código de Comercio.
Dos hijas
Sólo tuvo dos hijas, con la última de sus cuatro esposas, su sobrina María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, con la que se casó en 1829.
En 1832, al encontrarse casi incapacitado, cedió el gobierno a su mujer. Ésta dictó una amplia amnistía, que permitió regresar a muchos liberales. El siguiente paso de la reina fue despedir de los puestos que ocupaban en la Administración a los más obcecados absolutistas, porque podían ponerse del lado de su cuñado, el infante Carlos María Isidro.
Cuatro días después del fallecimiento de Fernando, se alzó la primera partida carlista en Talavera de la Reina. Los demonios que había alimentado durante su reinado quedaron entonces libres.
Cuando Fernando nació (1784), España disputaba a Gran Bretaña la primacía internacional en varios campos (poderío naval, extensión del imperio…); medio siglo más tarde el país, exhausto y empobrecido, era un potencia de segunda fila.
A Fernando VII no le atraían ni la música ni el canto; despreció a Luigi Boccherini. Tampoco, y esto es más sorprendente en un Borbón, practicaba la caza. Sus gustos eran los de un burgués discreto: prefería permanecer en casa y conversar con su familia y su camarilla. Era austero y también inculto, y presumía de campechano. Sin embargo, a él le debemos el Museo del Prado, que fundó en 1819
EL SUFRAGIO
Es el derecho a ejercer el voto para elegir cargos públicos. El término sufragio proviene del vocablo latino “Suffragium”, cuyo significado es voto.
El sufragio puede ser activo, cuando se refiere a quienes tienen derecho a elegir, o pasivo, cuando se refiere al derecho de ser elegidos.
Básicamente, el sufragio puede ser de dos tipos:
Restringido: cuando se limita a un sector de la población, siendo excluido el resto, por diferentes motivos: sexo, riqueza, etc. Un ejemplo de sufragio restringido lo constituye el censitario que impide el ejercicio del voto a aquellos cuyas rentas no superen una mínima cuantía. Durante parte del siglo XIX y hasta la extensión de los derechos a toda la población, sólo los más ricos, es decir, la burguesía, tuvieron ventajas políticas en el seno del sistema capitalista de clases. Otro ejemplo de restricción al voto lo constituyó la condición de mujer. Tras la Primera Guerra Mundial, el movimiento sufragista luchó por abolir esa limitación. En el Reino unido las mujeres lo consiguieron en 1920, en tanto que en España la mujer alcanzó sus derechos electorales en 1931.
Universal: la única limitación que existe para ejercer el voto es la edad mínima. Todo integrante de la sociedad, sea hombre o mujer, rico o desfavorecido, analfabeto o instruido, tiene derecho a elegir sus representantes y a ser escogido como tal, si así lo solicita.
En los dos enlaces siguientes, podéis ver dos perspectivas distintas de un mismo personaje:
En el siguiente enlace podéis leer el texto completo de Fuenteovejuna
https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/fuente-ovejuna--1/html/fedc4d4e-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html
En los siguientes enlaces podéis ver varias versiones de Fuenteovejuna
https://www.youtube.com/watch?v=x4qlj9DGm24
https://www.rtve.es/play/videos/cine-en-el-archivo-de-rtve/fuenteovejuna/4628444/
https://www.youtube.com/watch?v=ArqqqObkiiM
https://www.youtube.com/watch?v=9lUCl2vCqJc
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