domingo, 26 de octubre de 2025

Sesiones del 27 y 29 de octubre

 En el siguiente enlace podéis ver varios documentos multimedia sobre el cuadro "La familia de Felipe V"

https://www.museodelprado.es/actualidad/multimedia/el-reinado-breve-de-luis-i-y-luisa-isabel-de/67abcd8f-e9a9-45e3-82b6-3625a9c6df87

En los siguientes enlaces podéis ver comentada la obra de Van Loo, "Retrato de la familia de Felipe V"

La familia de Felipe V

https://www.youtube.com/shorts/YGXNg2CR_qA

LA GUERRA DE 1714 FUE DE “SUCESIÓN”

El relato independentista sostiene, basándose en la vieja historiografía romántica, que la guerra de sucesión española de principios del siglo XVIII fue una guerra de secesión, de independencia de Cataluña respecto de España. Un pueblo independiente y democrático, dice, “fue conquistado y sus libertades abolidas”. Al contrario que el pueblo estadounidense, que en 1773 se liberó del yugo colonial británico, Cataluña fue sometida, afirma

No fue así. Al morir Carlos II El Hechizado (1700) sin descendencia directa, se desató una batalla europea por hacerse con la Corona de España. Los dos grandes candidatos eran Felipe V de Borbón (nieto de Luis XIV de Francia) y el archiduque Carlos de Austria. Los Borbones pretendían la hegemonía continental, aliando a España con Francia. Los austracistas contaban con el apoyo de Inglaterra —siempre aterrada ante un excesivo poder de una sola nación en el continente—, secundada por los Países Bajos.

Lo que pronto sería una cruenta guerra de monarquías también lo fue de proyectos: el librecambismo anglo-holandés frente al proteccionismo fisiócrata francés; la burguesía mercantil frente a la alianza de las aristocracias agrícola y cortesana; el vago proto-confederalismo de Viena frente a la centralización absolutista heredera del rey Sol; las periferias versus el centro de Europa.

Estas líneas divisorias acabaron encontrando partidarios, fieles y servidores en distintos lugares de la Península. Aunque fueron alianzas efímeras y variables, el reino de Castilla sintonizó más con el envite francés; el Principado de Cataluña, más mercantil, con las incitaciones austracistas.

Pero, al inicio, los catalanes acogieron al Borbón con entusiasmo, como ha historiado el gran especialista del momento, Joaquim Albareda (La guerra de sucessió i l’Onze de setembre, Empúries; y Política, economia i guerra, Barcelona 1700, Colecció La Ciutat del Born).

En efecto, ante las Cortes catalanas, reunidas en 1701 por vez primera desde 1599, ¡hacía un siglo! (lo que indica que el sistema funcionaba a poco gas), Felipe juró las Constituciones supervivientes de la Edad Media. Y otorgó un puerto franco a Barcelona, licencia para dos barcos anuales a América y otras libertades comerciales.

Pero, empujados por el síndrome antifrancés desde la reciente y frustrante anexión a Francia (entre 1640, cuando el incompetente canónigo/president Pau Claris entregó el Principado a Luis XIII, y 1652, cuando, desengañados de París, los catalanes volvieron a la Corona hispánica); por la invasión de manufacturas galas y por algunas medidas despóticas del virrey, cambiaron de bando y se entregaron al archiduque, que les abandonó para ir a Viena y coronarse emperador.

Se había desatado una guerra internacional doblada de guerra civil: francófilos contra austracistas. Y una guerra civil dentro de la guerra civil: las clases industriales e ilustradas, con los Borbones desde Mataró; los componentes más humildes de los gremios, formando la Coronela, una milicia austracista derrotada y pasada a fuego, en Barcelona.

No fue pues una guerra de una nación contra otra, ni de independencia, ni de secesión, ni patriótica, sino que las leyes y Constituciones catalanas antiguas se usaron por ambos bandos como reclamo, lema, anzuelo o coartada cambiante. Trajo desastres, pero no destruyó el Principado. El final de la guerra catapultó a Cataluña a la revolución económica: primero agrícola-mercantil y luego proto-industrial, como asegura el maestro Pierre Vilar en Catalunya en l'Espanya moderna  (Ediciones 62)

LOS MITOS DE 1714

            La lucha por el trono no enfrentó a Cataluña con el resto de España, ni los catalanes fueron todos  durante todo el tiempo antifelipistas.

            Hubo una Cataluña borbónica (Cervera, Berga, Manlleu, Ripoll, Centelles), como también un Aragón y una Valencia borbónicas. Cuando Barcelona fue finalmente tomada por los austracistas en 1705, salieron de la ciudad 6.000 borbónicos.

            Los catalanes inicialmente no fueron antifelipistas. Los elogios de los catalanes a Felipe V con motivo de su llegada a Barcelona para las Cortes de 1701 y 1702, salpican la literatura de estos primeros años de su reinado. Es más, se casó en Cataluña con su primera mujer, María Luisa Gabriela.

            El cambio de Cataluña en 1704-5, se debió sobre todo a que la burguesía comercial catalana creyó que sus intereses se conjugaban mejor con la política económica de los aliados (prohibición de entrada de manufacturas francesas, así como de las exportaciones de lanas a Francia, concesión del puerto franco de Barcelona, instalación de artesanos extranjeros en Barcelona…).

            A partir de la batalla de Almansa, con victoria borbónica, Valencia y Aragón van a perder sus fueros, resistiendo únicamente Cataluña. Desde 1707 el austracismo ya solo existe en Cataluña, y desde 1712 sólo en Barcelona y sin cabeza legal representativa.

        El archiduque Carlos se va a Viena en 1711 para convertirse en emperador (Carlos VI), quedándose solo Cataluña frente a Felipe V. El patetismo de la situación lo demuestra que los catalanes llegaron a buscar una alianza con los turcos.

            Giro en la política internacional:

            Carlos quería ser rey de España, no de Cataluña; por eso, la posibilidad de ser emperador le resultó muy liberalizadora. Tras la coronación, la política internacional dará un gran giro: Inglaterra y Holanda se desinteresaron de la guerra. A Inglaterra sólo le interesaba el comercio con las colonias, conseguido en el Tratado de Utrecht con el navío de permiso y el derecho de asiento. El propio emperador también evolucionó: en 1712 proponía que Cataluña se convirtiera en una República libre. Un año más tarde sacaba sus tropas de Cataluña, aunque reivindicaba la conservación de los fueros.

            Barcelona fue bombardeada desde abril hasta septiembre. El 11 de septiembre de 1714, las tropas de Felipe V culminaron su asalto a la ciudad de Barcelona. Los austracistas tuvieron 6.850 bajas mientras los borbónicos tuvieron 14.200. El legado político de la Guerra de Sucesión fue la supresión de las “constituciones” catalanas y el gobierno de los capitanes generales; la imposición del catastro y la supresión de las universidades catalanas y la creación de la Universidad de Cervera.

            La fiesta del 11 de septiembre se empezó a celebrar en 1891, con homenajes anuales a la figura de Casanova.

            En torno al 11 de septiembre de 1714 han proliferado muchos mitos. El primero gira en torno a la biografía de Rafael Casanova, presunto héroe del 11 de septiembre, eje sobre el que gira la fiesta nacional catalana. Sin embargo, la biografía real de Casanova tiene poco que ver con el mito. Fue consejero tercero en el Consell de Barcelona. Su trayectoria es prácticamente desconocida durante la guerra En noviembre de 1713 es elegido conceller en cap de la ciudad de Barcelona. Colaboró activamente en la defensa de la ciudad, aunque en los últimos días del sitio era partidario de la negociación. El 14 de septiembre dictó un bando de convocatoria a las armas de todos los barceloneses mayores de 14 años para la defensa de la ciudad.

            En el enfrentamiento con el enemigo fue herido en un muslo. En 1715 ejercía de abogado en Barcelona. Una vida poco heroica, más allá del día en que fue herido. Ni antes del 14 de septiembre ni después, la figura de Casanova representa lo que se le atribuye: la épica resistencia a los borbónicos.

            En un escrito el 1728 se queja de haber sido calumniado, haciendo correr la voz que su mujer e hijos  se habían pasado al partido borbónico durante el sitio.

            El papel del Consell del Cent: La resistencia de Barcelona se explica por una singular confusión de los deseos con la realidad, una confianza excesiva en los aliados y una fanatización religiosa extrema. La Generalitat no fue suprimida por lo borbónicos, sino por el Consell del Cent en pleno mandato austracista.

            Muchos de los austracistas resistentes en Barcelona no eran catalanes, sino exiliados valencianos o aragoneses. Muchos de ellos defendieron la ciudad en nombre de las “libertades españolas”. Buena parte de los catalanes se integraron en el sistema borbónico: comerciantes célebres austracistas comenzaron a colaborar con comerciantes borbónicos.

            La Nueva Planta en Cataluña, con la supresión de los fueros en 1716, es el resultado de la victoria militar del borbonismo sobre el austracismo. Además de esta circunstancia, en los decretos subyacen dos realidades evidentes: hubo un delito de lesa majestad, de desobediencia al monarca al que se había jurado lealtad, de rebelión de los súbditos, lo que en la concepción de las monarquías absolutas europeas de la época legitimaba el derecho de conquista. Hubo anteriormente un fracaso previo de la España horizontal del último Austria, como en 1640 fracasó la España vertical del Conde-Duque de Olivares. A finales del XVII estaba en cuestión la España horizontal reivindicada por los catalanes por los problemas de gobernabilidad que la misma suponía. La amenaza del reparto del territorio hispánico en esos años finales del XVII es patente.

            El contenido político de la Nueva Planta responde a la conjunción de un doble proyecto de distintas raíces: el castellanizador olivarista  el uniformizador a la francesa. De hecho, la propia Castilla sufrió el cambio de sus estructuras tradicionales por las francesas. Pero tampoco fue la aplicación del modelo centralista a la francesa: se mantuvieron múltiples restos del viejo sistema foral: se mantuvieron, por ejemplo, el derecho civil aragonés y catalán y no se cumplió el principio de la priorización de los méritos sobre el origen territorial.

            Los Decretos fueron muchos más duros en Aragón y Valencia (reciente la victoria de Almansa), con la supresión definitiva del Derecho civil en Valencia, que en Cataluña y Mallorca.

            Con Felipe V nació una nueva España: la Nueva Planta desmanteló los fueros, desaparecieron las instituciones históricas propias de los reinos (Cortes, diputaciones, administración fiscal particular, se suprimieron las reservas de “naturalización”, que limitaban la libertad del rey en la elección de sus propios agentes, imponiéndole “naturales” de cada reino. Se trataba de hacer de España una sola monarquía en la que todos los súbditos quedasen sometidos a un régimen común, a unas mismas leyes y a una sola Administración. Hay una verdadera voluntad de uniformar, de construir un estado centralizado, con un sistema muy militarizado.

            Con Carlos III el centralismo se acentúa (disposiciones represivas contra el catalán en 1768

            El Decreto de Nueva Planta para Cataluña: La Guerra de Sucesión fue la ocasión para resolver la cuestión del encaje político entre los diversos bloques de la monarquía compuesta. En un principio, Felipe V no debió tener ninguna voluntad de modificar la situación existente a su llegada, por lo que es posible que, de haber ido las cosas de otro modo, tal vez nunca se hubiera planteado una solución radical al poner en práctica la política de uniformización y centralización consustancial al absolutismo ilustrado. La Nueva Planta para los territorios de la Corona de Aragón, se decretó al calor de un conflicto bélico que implicó la invasión del suelo español por tropas extranjeras en connivencia con el partido austracista victorioso en los reinos orientales, lo que explica la voluntad punitiva y el fundamento en el derecho de conquista de la reforma constitucional.

            El nuevo sistema institucional se basa en la autoridad del capitán general. Por su parte, la autonomía municipal, tan arraigada en la Corona de Aragón, fue sometida a una drástica revisión: todos los cargos eran designados por la autoridad real, imponiéndose el sistema castellano de los corregidores, que trajo consigo una nueva división territorial del principado.

            Se suprimieron las cortes, y las Diputaciones de Cortes y se llevó a cabo una cierta castellanización idiomática, siendo privilegiado el castellano frente al catalán. Los Decretos de Nueva Planta supusieron la supresión de las instituciones tradicionales, la represión sobre la población desafecta y el carácter punitivo de su implantación. Sin embargo, esto no se produjo por un capricho real, sino como consecuencia de un enfrentamiento con unos súbditos que habían quebrantado un juramento de fidelidad (Cortes de 1701-02), un hecho de la máxima importancia dentro del ordenamiento jurídico y de la cultura política del A. R.  Estos decretos serán el último capítulo de la consolidación del absolutismo en la Corona de Aragón, un proceso común a toda la Europa  Moderna. Este rey, que abolió los fueros, fue el mismo  rey que debe vincularse al probado despegue económico, social y cultural de Cataluña en el siglo de las luces.


En este otro, un documental sobre la nueva dinastía de los Borbones y Felipe V

La nueva España de los primeros Borbones: Felipe V


En el siguiente enlace podemos escuchar un podcast sobre Luis I

https://www.youtube.com/watch?v=PI2UTKnNh7A


CARLOS III, UN REY QUE NOS VINO YA ENSEÑADO

Antes de ser rey de España lo fue de Nápoles y Sicilia. Cuando se le llamó a España tenía 43 años y era soberano en ejercicio antes de cumplir los 20.

Carlos III hizo lo mismo a lo que se dedican millones de españoles durante unos años de su juventud: preparar oposiciones. Antes de ser rey de España lo fue de Nápoles y Sicilia. De modo que cuando se le llamó a España tenía ya cuarenta y tres años de edad y era soberano en ejercicio desde antes de cumplir los veinte.

No se esperaba que accediese al trono español, porque tenía dos hermanos mayores. Éstos, efectivamente, reinaron como Luis I y Fernando VI, pero murieron sin descendencia.

Su madre, Isabel de Farnesio, segunda esposa de Felipe V desde 1714, implicó a España en varias guerras para conseguir coronas para sus hijos. Y así Carlos recibió primero el ducado de Parma y luego los reinos de Nápoles y de Sicilia, con los que se formó el reino de las Dos Sicilias.

Cuando vino a España, en octubre de 1759, desembarcó en Barcelona, ciudad que el ejército de su padre había tomado al asalto en 1714. Los catalanes, que habían apoyado al archiduque Carlos, le agasajaron con este grito: ¡Viva Carlos Tercero, el verdadero!

Antes de cumplirse el primer año de su estancia en España, su esposa, María Amalia de Sajonia, falleció de tuberculosis. Carlos, que se había casado con ella después de que se la eligiesen sus padres, la amaba tanto que no volvió a tomar mujer.

En la corte hubo dos partidos. El aragonés, formado por los partidarios de las reformas y la nobleza de capa y espada, y estaba dirigido por Aranda. Y el de los golillas, los letrados y funcionarios más adictos a Carlos, encabezado por Floridablanda y Campomanes.

El acontecimiento axial de su reinado fue el motín llamado de Esquilache, en 1766. Estalló en Madrid el 23 de marzo y se extendió por toda España, de Bilbao a Cádiz y de La Coruña a Cartagena. Carlos tuvo que ceder ante el populacho y destituir a sus ministros italianos. Su humillación fue tal que abandonó la capital durante ocho meses. A partir de entonces se dedicó a restablecer el principio de autoridad.

La excusa para expulsar a la élite

Sus funcionarios culparon a los jesuitas de provocar los motines. Fue una mentira y una excusa para expulsar a una élite que se oponía al poder del soberano. Las causas verdaderas fueron las malas cosechas y la incompetencia de la Administración.

Por ello, en los siguientes años se hicieron más reformas para aumentar la producción de bienes y alimentos, así como el comercio. Se dedicaron montes y dehesas a la labranza, se disminuyeron los privilegios de la Mesta, se mejoró el Ejército, se abrieron nuevos caminos y canales, se trató de asentar a los gitanos, se suprimió el monopolio de comercio con las Indias… Y para cambiar las costumbres de los españoles, en 1783 una cédula derogó una pragmática de 1447 que había declarado varios oficios manuales (zapatero, sastre, carnicero, curtidor, o carpintero) como "viles"; a partir de entonces, sus titulares podían acceder a empleos municipales.

Carlos III cambió la política de neutralidad de Fernando VI. Así, se alió con sus parientes de Francia e Italia para combatir a los ingleses, que amenazaban el imperio español. Recuperó para la patria Menorca en 1782, pero fue vencido ante Gibraltar.

Contribuyó a la independencia de Estados Unidos para debilitar a Londres. El conde de Aranda, embajador en París, le advirtió de que el nacimiento la nueva república tendría consecuencias para la América española. El político propuso la constitución de tres reinos independientes en las Indias bajo gobierno de otros tantos miembros de la Casa de Borbón y aliados a España.

Una leyenda rosa
A diferencia de Felipe II desfigurado por la leyenda negra, sobre Carlos III ha caído una leyenda rosa que le presenta como un monarca afín a la masonería y con numerosos ministros masones. Sin embargo, Carlos persiguió a la masonería tanto en Nápoles como en España. Así la calificó él mismo: ...ese gravísimo negocio o perniciosa secta perniciosa para el bien de Nuestra Santa Religión y del Estado.

Carlos III, que murió en 1788, fue de un comportamiento ejemplar como persona y católico: austero, piadoso, devoto de la Inmaculada Concepción... Comenzó las excavaciones de Pompeya y concluyó el Palacio Real de Madrid. Su gran afición fue la caza, que empezó a practicar a los seis años. De él dijo un admirador, el financiero Cabarrús, que no había tenido "más norte que el de la felicidad de sus vasallos".

Autor: Pedro Fernández Barbadillo

En este enlace, un documental sobre el reinado de Carlos III

Carlos III: luces y sombras del despotismo ilustrado


 En el siguiente enlace podéis escuchar un podcats sobre el Motín de Esquilache, del programa Pasajes de la Historia (La rosa de los vientos, de Onda Cero)

https://www.youtube.com/watch?v=KMPekpEzPO4

CARLOS IV

Carlos IV subió al trono en diciembre de 1788, con cuarenta años de edad. Sus pasiones eran la caza, la música y las artes mecánicas; ni los amoríos ni las batallas ni las aventuras exteriores. Cumplió el consejo de su padre y mantuvo a su ministro principal, el conde de Floridablanca. Pero a los pocos meses estalló la revolución en Francia. Entonces, Carlos IV se consagró a salvar a su primo Luis XVI, primero con la política dura de Floridablanca y luego con la mano blanda del Conde de Aranda.

En cuanto la Convención abrió el proceso contra Luis, Carlos IV destituyó a Aranda y le sustituyó por su valido: Manuel Godoy. España se unió a la Primera Coalición contra la Francia republicana.

Aunque la Guerra de los Pirineos, que es como se llamó en España, fue muy popular, los franceses vencieron a todos sus enemigos. Carlos firmó la paz de Basilea en 1795 y al año siguiente (Tratado de San Ildefonso) se convirtió en aliado del Directorio y enemigo del inglés Jorge III.

España pasaba de uno a otro bando y en cada vaivén perdía territorios y tropas. Como dijo Melchor de Jovellanos: “¡Cuánto mejor fuera tener la paz y estar siempre entre estos dos poderosos enemigos, disfrutando de su protección y contrapesando sus fuerzas!”

Las conspiraciones medraban en la corte de Madrid: el príncipe de Asturias contra su padre y Godoy, Godoy contra los cortesanos, los embajadores de París y Londres animando a unos y a otros…

Los enemigos de los reyes (Fernando y su camarilla y los embajadores) lanzaron unas despiadadas campañas de desprestigio: convirtieron a María Luisa de Parma en amante de Godoy, cuando la reina, aparte de ser quince años mayor que el extremeño, estaba desfigurada por sus veintitrés embarazos.

En 1805 España perdió su flota en Trafalgar. En 1807, Godoy aceptó de Napoleón, ya coronado por su propia mano emperador, un plan para invadir Portugal, el más firme aliado inglés. Las tropas francesas penetraron en España y se instalaron en varias ciudades.

El príncipe Fernando tramó un golpe de Estado contra su padre (la conspiración de El Escorial), que se descubrió en octubre de 1807. El miserable Fernando delató a sus cómplices y pidió perdón.

Cuando Godoy comprendió que el objetivo de Napoleón era ocupar la Península Ibérica entera, trató de llevar a la familia real a la Nueva España. Pero estando en Aranjuez en marzo de 1808 se produjo un motín que forzó a Carlos IV a abdicar en su hijo.

Napoleón aprovechó la ocasión: persuadió a los Borbones para encontrarse con él en Bayona. Allí obligó a Fernando, que no había sido proclamado por las Cortes, a devolver la corona a su padre y a éste a cedérsela a él mismo, que se la traspasó a su hermano José.

En la primavera de 1808, Carlos dejó España para siempre. Napoleón les mantuvo a él y a su esposa prisioneros, pero separados de Fernando y otros de sus hijos. Después de instalarles en varios lugares de Francia, los acomodó en el palacio Borghese de Roma.

Después de la caída de Napoleón, Carlos reconoció a Fernando como soberano legítimo. En 1815 fue a vivir con ellos Godoy, acompañado de su amante, Pepita Tudó. En 19 de enero de 1819 falleció Carlos, unos días después que su esposa.

Durante su reinado, fue mecenas de pintores y músicos, como Goya y Boccherini.
Uno de sus actos más memorables fue su patrocinio de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, que llevó la vacuna contra la viruela a América y Asia. Fue la primera campaña mundial de vacunación. Y conmovió tanto a Edward Jenner, el descubridor de esta vacuna, que escribió: “No creo que los anales de la historia aporten un ejemplo de generosidad tan noble y tan amplio como éste”. 

Autor: Pedro Fernández Barbadillo

En los siguientes enlaces podéis ver varios archivos multimedia de la obra de Goya, La familia de Carlos IV





En los siguientes enlaces podemos saber quién era Isabel Zendal

Historia de Isabel Zendal

Conferencia en el Instituto Cervantes sobre Isabel Zendal

En el siguiente enlace podéis ver un documental sobre el final del reinado de Carlos IV


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